El sueño americano no ha muerto, pero a las familias latinas les preocupa que se les esté escapando

The American Dream Isn't Dead, But Latino Families Are Worried It's Slipping Away

Un artículo de opinión de Jeffrey Baldwin, director del Instituto LIBRE.

El 4 de julio es una celebración de los ideales fundacionales de Estados Unidos: la libertad, las oportunidades y la convicción de que cualquiera que esté dispuesto a trabajar duro puede labrarse un futuro mejor.

Pero ahora que ha pasado otro Día de la Independencia, hay una pregunta que merece nuestra atención: ¿se está volviendo más difícil alcanzar el sueño americano? Para muchas familias hispanas, la respuesta es cada vez más incierta. Siguen creyendo en el sueño americano, pero les preocupa cada vez más que sea más difícil de alcanzar.

Desde hace generaciones, las familias hispanas han creído en una promesa muy sencilla: si trabajas duro, respetas las normas y te haces responsable de tu futuro, puedes labrarte una vida mejor para ti y para tus hijos.

Esa promesa ha inspirado innumerables sacrificios. Ha motivado a los padres a trabajar muchas horas, a los emprendedores a poner en marcha negocios y a las familias a dejar atrás la incertidumbre en busca de nuevas oportunidades. Es la promesa que está en el corazón del sueño americano.

El sueño americano no ha muerto. Pero la confianza en que la próxima generación tendrá las mismas oportunidades está empezando a desvanecerse.

Nuestra reciente encuesta nacional del Instituto LIBRE lo deja claro. Las familias hispanas no han perdido la fe en el trabajo duro, la responsabilidad personal ni en la promesa de Estados Unidos. Lo que muchos están perdiendo es la confianza en que esos valores por sí solos basten para ayudar a la próxima generación a triunfar. De hecho, el 90 % cree que el sueño americano es más difícil de alcanzar hoy en día que antes, mientras que el 64 % cree que el Gobierno dificulta el progreso. El aumento de los costes, la dificultad para acceder a una vivienda, la incertidumbre económica y las limitadas oportunidades de ascenso social han hecho que muchas familias se pregunten si el camino hacia el éxito se está volviendo más difícil de lo que debería ser.

Los padres se preguntan si sus hijos podrán permitirse alguna vez comprar una casa. Los propietarios de pequeñas empresas se preguntan si podrán seguir haciendo crecer sus negocios. Los jóvenes se preguntan si las oportunidades que inspiraron a las generaciones anteriores seguirán existiendo para ellos.

Esta conversación no se limita a la inflación o a los precios de la vivienda.

Se trata de si las oportunidades en sí mismas se están volviendo más difíciles de encontrar.

El éxito de nuestro país nunca se ha basado únicamente en programas gubernamentales o estadísticas económicas. Se ha basado en la capacidad de la gente corriente para mejorar su situación gracias al trabajo duro, la innovación y la determinación. Cuando la gente cree que sus esfuerzos pueden llevar al progreso, las comunidades prosperan. Cuando empiezan a dudar de que el progreso sea posible, la confianza en el futuro empieza a desvanecerse.

Esto es especialmente importante para las comunidades hispanas, que siguen estando entre los grupos más emprendedores y económicamente dinámicos del país. Las empresas dirigidas por latinos han crecido de forma espectacular en los últimos años, creando empleo, fortaleciendo las economías locales y ampliando las oportunidades en comunidades de todo Estados Unidos. Pero el emprendimiento, la adquisición de una vivienda propia y la estabilidad financiera se vuelven más difíciles de conseguir cuando las barreras que impiden acceder a las oportunidades siguen aumentando.

Proteger el sueño americano es algo más que mantener el crecimiento económico. Significa garantizar que las familias tengan la libertad de labrarse una vida mejor. Significa crear un entorno en el que se recompense el esfuerzo, la educación abra puertas y el espíritu emprendedor pueda prosperar.

En el Instituto LIBRE, vemos estas aspiraciones cada día. A través de programas de educación financiera, oportunidades educativas y participación comunitaria, trabajamos codo con codo con personas que se esfuerzan por mejorar sus vidas y crear un futuro mejor para sus familias. Sus historias nos recuerdan que elsueño americano sigue muy vivo, pero no podemos darlo por sentado.

La buena noticia es que las familias hispanas no han perdido la fe en los valores que desde hace tiempo han sido la clave de su éxito. Siguen creyendo en el trabajo duro. Siguen creyendo en las oportunidades. Siguen creyendo en la promesa de Estados Unidos.

El reto al que nos enfrentamos es asegurarnos de que esos valores sigan generando oportunidades, no solo para esta generación, sino también para la siguiente.

Puede que el 4 de julio ya haya pasado, pero el debate que debería suscitar acaba de empezar. El Día de la Independencia es más que una celebración del pasado de nuestra nación. Es un recordatorio de que las libertades y oportunidades que tanto valoramos deben protegerse para que perduren.

El sueño americano no ha muerto. Pero tampoco está garantizado.

Cada generación tiene una elección: proteger la oportunidad que la hizo posible o arriesgarse a convertirse en la generación que la dejó escapar.