La fe en Dios y en un poder superior siempre ha formado parte de la historia estadounidense, y sigue siendo fundamental para millones de latinos hoy en día. Moldea la forma en que muchos estadounidenses viven, trabajan y sirven a sus comunidades.
Cuando las personas son libres de vivir y practicar su fe, esos valores se extienden mucho más allá de la iglesia, llegando a comunidades de todo el país.
Las iglesias y las organizaciones religiosas proporcionan orientación, estabilidad y apoyo, especialmente en tiempos de penuria y necesidad.
Para los miembros latinos de las fuerzas armadas, la fe ha ofrecido fortaleza en momentos de sacrificio. Para las familias trabajadoras, proporciona propósito, resiliencia y un compromiso de cuidar a los demás.
La libertad religiosa es una parte esencial de lo que significa ser estadounidense. La capacidad de rendir culto abiertamente y sin miedo es uno de los principios que hacen que este país sea excepcional.
La fe está arraigada en la libertad, la dignidad y el servicio. Cuando las personas son libres de vivir sus creencias, son más capaces de devolver, apoyar a sus vecinos y fortalecer sus comunidades.