¿Cuánto falta para que la deuda nacional ponga el sueño americano fuera del alcance de los hispanos?

El mes pasado, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), estrictamente no partidista, publicó su Perspectiva Presupuestaria a Largo Plazo de 2015, que describía nuestra creciente deuda nacional como una gran amenaza para la estabilidad económica y el futuro de nuestra nación.

Según el informe, el aumento de la deuda federal frenará el ya de por sí anémico crecimiento económico en las próximas décadas, lo que provocará una caída de los ingresos mientras se espera que, al mismo tiempo, aumente la dependencia de los programas gubernamentales. Esta situación obligará a nuestra nación a pedir prestado aún más, elevando la probabilidad de una crisis económica grave. Esta tesitura es particularmente preocupante para los hispanos, quienes debido a su relativa juventud en comparación con el resto de la población, experimentarán una erosión del sueño americano causada por décadas de políticas fiscales irresponsables. De hecho, según el informe de la CBO: “la gran cantidad de préstamos federales restaría inversión privada en capital productivo a largo plazo, porque la parte de los ahorros de la gente utilizada para comprar valores gubernamentales no estaría disponible para financiar la inversión privada”. A su vez, el gasto federal en el pago de intereses aumentaría, lo que obligaría al gobierno a subir los impuestos o reducir el gasto en beneficios y servicios, según el análisis de la CBO.

¿Cuánto tiempo puede la nación sostener el aumento de la deuda federal? Aunque incluso la CBO admite que es difícil responder a esta pregunta con confianza, su último informe ofrece una certeza aterradora sobre lo que acabaría ocurriendo si la deuda nacional sigue creciendo:

En algún momento, los inversores empezarían a dudar de la voluntad o capacidad del gobierno para cumplir con sus obligaciones de deuda, lo que le obligaría a pagar costes por intereses mucho más altos para seguir pidiendo dinero prestado. Una crisis fiscal de este tipo plantearía a los responsables políticos opciones extremadamente difíciles y probablemente tendría un impacto negativo sustancial en el país. Lamentablemente, no hay forma de predecir con confianza si ocurrirá una crisis fiscal de este tipo en los Estados Unidos ni cuándo. En particular, a medida que aumenta la relación deuda-PIB, no hay un punto identificable que indique que una crisis sea probable o inminente. Pero, en igualdad de condiciones, cuanto mayor sea la deuda de un gobierno, mayor será el riesgo de una crisis fiscal.

Aunque la presión sobre los legisladores para reducir nuestros déficits federales parece haber disminuido en los últimos meses, este informe de la CBO es un recordatorio importante de lo crítico que es abordar nuestra deuda nacional fuera de control para asegurar la prosperidad a largo plazo en el país. Los desafíos fiscales actuales de Puerto Rico y Grecia deberían recordarnos lo tóxicos que pueden ser los déficits desbocados para cualquier economía. Cuando la deuda pública se vuelve insostenible, los pobres y los más necesitados son quienes más sufren sus consecuencias negativas. No abordar nuestra creciente deuda nacional significa no solo ignorar los peligros reales del gasto excesivo del gobierno, sino también negar las aspiraciones de todos los estadounidenses —incluida la comunidad hispana— de alcanzar el sueño americano.

Los hispanos, más que cualquier otro grupo demográfico, siguen creyendo en el sueño americano a pesar de una recuperación anémica y una economía estancada que mantiene a millones de ellos en la pobreza (los hispanos tienen la segunda tasa de pobreza más alta). Además, los hispanos crean pequeñas empresas al doble de la tasa nacional, un rasgo representativo de su espíritu emprendedor y deseo de salir adelante, pero eso puede cambiar ante el conjunto cada vez más amplio de regulaciones costosas. ¿Cuánto tiempo más pueden los hispanos soportar una economía que no crece lo suficiente? Los hispanos están haciendo su parte para mantener vivo el sueño americano. Es hora de que nuestros legisladores hagan la suya por las generaciones futuras controlando nuestra deuda nacional.