Acción de Gracias ya ha pasado y los estadounidenses ya se están preparando para sus festividades de diciembre más queridas. Por muy alegre que sea la temporada, hay algunos aspectos que, lamentablemente, empañan el ánimo. Un ejemplo de ello: Bloomberg proclamó recientemente: “La cena de Acción de Gracias es la más cara de la historia debido al impacto de la gripe aviar en los pavos”. Al parecer, nuestras queridas tradiciones estadounidenses están amenazadas por las plagas y el aumento del coste de la vida.
Pero, como señala Marian Tupy del Instituto Cato, eso es un “absoluto y total sinsentido”.
El artículo de Bloomberg citaba una cifra de la American Farm Bureau Federation, que ha registrado diligentemente los precios de una cesta de 12 productos esenciales, como el pavo, los arándanos rojos y la mezcla para tarta de calabaza, desde 1986. Según la Farm Bureau, el precio de una cena festiva para 10 personas este año es de 50,11 $, 70 centavos más que en 2014. El cambio es aún más drástico a largo plazo: una cena festiva en 1986 costaba solo 28,74 $.
Estas cifras pueden parecer estar subiendo, pero en realidad reflejan principalmente el cambio del valor nominal sobre el papel. Como resultado de la inflación, el valor del dólar ha disminuido durante el mismo periodo. Cuando ajustamos a dólares de 2014 por la inflación, descubrimos que los precios han bajado con el tiempo, desde un máximo de 62,08 $ en 1986 a 49,41 $ en 2014.
Sin embargo, ajustar por la inflación es solo una parte de la tarea de descubrir el coste real de los bienes y servicios. La productividad de los trabajadores cambia con el tiempo, y un artículo o servicio que costaba 5 horas de trabajo un año podría costar solo 4 al siguiente. Las cenas festivas no son diferentes, y cuando incluimos el cambio en el salario medio por hora utilizando datos de la Oficina de Estadísticas Laborales, llegamos a una perspectiva más humana sobre la inflación, los precios y el valor de nuestro trabajo.
Hoy en día, una cena festiva para 10 personas cuesta poco más de 4 horas de trabajo para el trabajador hispano medio, lo que supone un 22% menos que hace 28 años. Esta es una buena noticia y representa una disminución significativa en la cantidad de tiempo que se tiene que pasar en la oficina o en el puesto de trabajo —y más tiempo con amigos y familiares durante las vacaciones— para los trabajadores hispanos en todo Estados Unidos. Aunque el trabajador medio del total de la población solo tiene que trabajar 3 horas y 45 minutos para la misma comida, esa brecha se ha ido reduciendo desde 2011, y eso es una señal positiva. La disparidad se debe a que los ingresos medios por hora son más bajos para los hispanos que para la media nacional, lo que resalta el fuerte impacto que la dirección de la economía puede tener en la calidad de vida.
El tiempo es dinero, como dice el refrán, y para nadie en Estados Unidos es más cierta esa afirmación que para los trabajadores que cobran por horas. Los hispanos en Estados Unidos siguen teniendo que trabajar más horas para permitirse los mismos bienes que el resto del país, pero la brecha se ha ido reduciendo recientemente. En general, aunque la tendencia del coste de la vida ha tenido sus altibajos, las condiciones han mejorado históricamente para los estadounidenses con el paso del tiempo, lo que es un testimonio del poder de la innovación en una economía de libre mercado. El pasado Día de Acción de Gracias, los hispanos en Estados Unidos dedicaron solo cuatro quintas partes del tiempo de trabajo que dedicaban hace 28 años para poner la cena en la mesa para sus amigos y familiares. A pesar de lo que digan los precios sobre el papel, eso es un progreso real y algo por lo que estar agradecidos.
