Las familias fuertes son el secreto para construir comunidades sólidas y, para los latinos, esto ha sido así desde hace mucho tiempo.
La familia es donde se transmiten los valores, se mantienen vivas las tradiciones y se aprende la responsabilidad desde temprano. Desde la mesa de la cocina hasta las reuniones dominicales, la familia moldea quiénes somos y cómo nos comportamos.
Cuando las familias prosperan, también lo hace todo el país. Los niños criados en hogares fundamentados en el amor, la estabilidad y la responsabilidad están mejor preparados para triunfar en la escuela, en el trabajo y en la vida. Las familias enseñan lecciones sobre el respeto, el trabajo duro y el cuidado de los demás que ninguna institución puede reemplazar.
Para muchos latinos, la familia a menudo se extiende más allá del hogar inmediato. Abuelos, tías, tíos y amigos cercanos ayudan a criar a la siguiente generación. Nos cuidamos unos a otros y intervenimos cuando hace falta ayuda.
Para tener unos Estados Unidos fuertes y libres, necesitamos familias fuertes y estables. Necesitamos políticas e instituciones que respeten el papel central que desempeñan las familias y aseguren que estén empoderadas —no obstaculizadas— para criar a la próxima generación.
Cuando las familias son fuertes, los niños tienen más posibilidades de triunfar, las comunidades se vuelven más unidas y la nación en su conjunto se fortalece gracias a ello.